La historia de la Semana.

Los galanes de tus sueños


En la mesa habían quedado los cuatro platos sucios con un poco de salsa. Hacía cinco horas que estaban allí. Las manchas de ese vino bien tinto sobre ese mantel tan blanco. Marcas de lápiz labial en dos de las copas de cristal. En las otras dos, solo los dedos marcados con grasa de una comida casi perfecta. Debajo de la silla, una servilleta de tela bordada por la abuela de Rodrigo.

Había sido una noche para el recuerdo. Todo lo que existe relacionado con el amor y el romanticismo fue protagonista de esa luna redonda que golpeaba el ventanal que alumbraba la mesa. Con muy poca luz en el comedor y, ambos despeinados y semi vestidos, Nahuel, despidió a la Joven.

Los galanes, como ellos se hacían llamar, durmieron como Ángeles hasta la tarde del otro día. Al despertar, Rodrigo y Nahuel se dieron cuenta que algo había dejado de ser tan normal. La mesa estaba ordenada, las copas estaban en un lugar bien oculto y el olor a perfume de mujer había sido reemplazado por olor a encierro. Se miraron a los ojos, y estuvieron minutos sin hablar, tratando de buscar alguna respuesta a ese fenómeno.

En el barrio, todos hablaban de su gran belleza física, además de estar siempre con la mujer que todo hombre soñaría estar. Ellos sabían de su don amoroso, y de tener siempre la palabra justa en el momento justo. Todas las noches, la mesa con esa luna tan brillante se repetía, con gran continuidad pero con distintas protagonistas. Esa tarde todo cambió, parecía como si el tiempo hubiera retrocedido. Las amigas de la abuela de Rodrigo, no eran las mismas, sus arrugas habían sido convertidas en grandes rasgos de belleza.

Aun consternados y sin transmitir ningún ruido, Rodrigo se dirigió hacia una ventana con una cortina vieja y sucia que impedía el paso de los rayos de sol. Al correrla, la cara del galán se transformó, como si estuviera observado un cadáver. Su cara se puso blanca y sus ojos parecían salirse de su rostro. Nahuel intrigado, se acercó con rapidez y encontró ese paisaje tan shockeante. Era su misma calle pero con cincuenta años menos.

Se dirigieron hacia la planta baja para ver que había sucedido. Caminaron ligeramente hasta living donde chocaron con una joven muy bella.

- ¿Quiénes son y qué hacen acá dentro?, preguntó la mujer.

Los muchachos que quedaron plasmados con la preciosidad de la dama, no desaprovecharon para utilizar sus dones de conquista.

- Mmm somos los nuevos mayordomos, dijeron.

- Nadie me informó sobre nuevos sirvientes. Con seguridad no me notificaron.

Los jóvenes, mientras tanto, hablaban. Nahuel, solamente miraba a la dama y Rodrigo intentaba decirle que se parecía mucho a su abuela de joven.

- Mi nombre es Marta Rodríguez , hija de Francisco Rodríguez y Maris Sullivan.

Nahuel no presto atención, pero Sebastián se quedó boca abierta. Mientras golpeaba el hombro de su compañero se escucho un fuerte grito

- Es mi abuela.

La mujer se quedó mirando, pero justo tocó el timbre que rompió el silencio.

- No van abrir la puerta, exclamó Marta.

Nahuel corrió y abrió la puerta. Con una mirada atenta, las mujeres observaron a los dos galanes mientras entraban y susurraban a sus oídos. El grupo de mujeres se dirigió hacia la habitación.

Ninguno de los dos podía comprender que pasaba, hasta que uno de los chicos develó un secreto de lo que había pasado la noche anterior. Una de las chicas que habían conquistado, era rara pero muy llamativa. Lo inusual, que Nahuel no había dicho, fue que había agarrado ropa de su abuela, decoró toda la sala con velas y exclamó palabras inentendibles.

Rodrigo, furioso, dijo:

- ¿Como volvemos?

En ese instante los únicos sonidos que se escucharon fueron los de una radio prendida y las jóvenes en el cuarto hablando. Los labios del otro joven no se movieron, ni siquiera, para respirar. Hasta que las cejas de Nahuel se levantaron, al igual que su mano y recordó la carta que dejó la chica antes de irse, retomaron camino hacia el cuarto por la vieja escalera que crujía con cada paso y, al abrir la puerta, la encontraron allí, encima de la mesa de luz, envuelta en un papel amarillo y un sello muy raro.

La abrieron y comenzaron a leer, al terminar reflexionaron. La carta expresaba en cada palabra odio y traición, era una venganza de todas las chicas que conquistaron y dejaron sin importarles nada. La manera para volver al futuro era seducir y acostarse con una mujer de esa época en menos de veinticuatro horas sino, quedarían encerrados en esos años. Los dos muchachos sonrieron, pero no sabían lo que les esperaba.

Al instante se pusieron en campaña, se dirigieron al cuarto de las jóvenes y entraron. Comenzaron a hablar mientras las mujeres miraban, no pasó ni un segundo que Maria grito, diciéndoles que salgan de su habitación. Cerraron la puerta y esperaron otra oportunidad. Cuando las muchachas se iban, uno de los chicos agarró a una de la mano. La bofeteada fue tan grande que el cachete de Rodrigo quedó violeta y tardó horas en volver a la normalidad.

Sus encantos no funcionaban y cada vez les quedaba menos tiempo, la única oportunidad que quedaba era que Nahúel conquiste a la abuela de Rodrigo. Con una cara de pocos amigos el acepto. El joven intentaba buscar el momento perfecto para establecer una conexión, hasta que en la entrada de la cocina se cruzaron, el intento iniciar una charla, pero fue inútil .Ella se fue al living y comenzó a tocar el piano, instrumento que Nahuel tocaba en su banda del futuro, fue la situación que le permitió acceder a un contacto. Toco un par de notas y ella quedo sorprendida, tocaron todo la tarde hasta que la luna se asomo nuevamente alumbrando en la oscuridad. Estaban cansados de hablar y tocar así que, el joven le dijo si quería ir a su habitación a descansar y que le quería mostrar unas cosas. A todo esto Rodrigo esperaba impaciente escondido contando los minutos que quedaban.

Al llegar al cuarto, Marta dudó en entrar pero el muchacho la convenció, siguieron hablando mientras el observaba su ropa que casi no dejaba ver su piel. A cada minuto que pasaba, se acercaba más a sus labios. Ella se intimidaba y se hacía a un lado, hasta que en un momento las miradas se conectaron y él, tomó su mano. Las cabezas se movían lentamente acercándose una a la otra, como si fuera una película, los párpados fueron bajando lentamente y el choque de los labios fue inminente. El galán intentaba sacarle algunas de sus prendas pero ella no quería. Corría su mano o dejaba de besarlo, y sobre todo se le hacia imposible con el corsé que estaba tan ajustado que, parecía cortar la circulación de la sangre.

En un momento, logró bajarle una parte de su vestido, ella lo miró y sonrió. Parecía estar todo listo, quedaban pocas prendas y los besos parecían interminables, volverían al futuro.

Dejaron de besarse y se escucho a la escalera crujir. Ellos siguieron sin importarle, hasta que las puerta se abrió como si un toro quisiera entrar en la habitación. Era su padre Francisco Rodríguez. Sus ojos me miraron transmitiendo miles de sentimientos, dándome a entender que estaba en graves problemas. En ese instante, Rodrigo entró a la habitación. Los muchachos intentaron explicarle, pero Francisco no los escucho. Sacó un arma de su bolsillo y les disparó a ambos.

- Chicos, despierten ¿qué hacen acá? Les exclamó una señora mayor.

Los jóvenes se levantaron, se miraron y no tenían ninguna herida, miraron a la mujer que los despertó y era la abuela de Rodrigo. Los dos le dieron un abrazo eterno y, sin que Marta comprendiera, salieron a la calle.

Había sido un sueño tan real que Nahuel tenía en su mano un aro de la muchacha. De alguna manera fue una lección que los hizo cambiar y repensar en el futuro a los galanes.


Por Maxi Ceberino y Sebastián Martínez


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