La historia de la Semana

En el lugar menos pensado



Era tarde y el sol ya había caído. En su lugar se encontraba la luna que iluminaba cada calle oscura. Por una de ellas, pasó con su auto Javier a toda velocidad, haciendo que las hojas de los árboles se depredan y vuelen. Con él se encontraban sus dos mejores amigos, Sergio y Pablo, los tres habían salido a recorrer el barrio y a tomar unas copas.
Luego de varias vueltas y con bastante alcohol en la sangre, Sergio visualizó en una esquina una casa llamativa con una luz roja y amarilla. En ese instante, le dijo a Javier que frene. Sin entender nada, clavó los frenos haciendo un ruido muy molesto y produciendo que todos terminen con el rostro pegado al parabrisa. Primero se miraron durante varios segundos y comenzaron a reírse hasta que le preguntaron a Sergio por qué quería que paren justo ahí. El muchacho, con su dedo, señalo la casa de luces coloridas y dijo que era el lugar que su hermano mayor le había comentado, Pablo ya lo conocía, pero el otro joven no comprendía.
Lo sacaron del auto y caminaron varios pasos hasta llegar a la casa, los tres se pararon en la puerta y tocaron el timbre. El silencio dominaba todo en ese momento. Se podía escuchar al viento soplar y algún que otro ladrido de perro, a lo lejos. Javier, nervioso, pedía a sus amigos alguna explicación. Fue en ese instante cuando se oyeron pasos y el picaporte se bajó. La puerta se abrió, lentamente, y apareció una señora mayor. Con una voz cansada. les ofreció pasar. Los amigos, directamente, metieron a Javier la fuerza, sin que la mujer se de por aludida.
Se sentaron en la punta de la cama y la señora les dijo que ahora vendrían a presentarse las chicas. En ese momento, Javier comprendió todo. Sus amigos lo llevaban a debutar. La espera era agobiante para el muchacho. Sus pies se movían y sus manos temblaban como si la muerte estuviera por llegar. Estos síntomas aumentaron en el momento que se escucharon unos tacos acercarse. Era una mujer alta y muy llamativa, se presentó como Karina y le dio un beso a cada uno. A los pocos segundos, apareció la segunda chica, al entrar Javier quedo encantando. Mientras tanto, sus dos amigos discutían cuál era más linda. Al igual que la mujer anterior, les dio un beso a cada uno y les dijo su nombre, Luna.
Sus compañeros le preguntaron cuál había elegido. Mientras, juntaban el dinero y, sin dudar, Javier nombró a Luna. Ella apareció nuevamente y agarró al muchacho de la mano para ir a la habitación. Ese trayecto parecía interminable. Por momentos, se detenía en su pensamiento y volvía a reflexionar la situación. Fue entonces, cuando entraron a un cuarto muy precario y oscuro donde el sonido de la radio era protagonista. Ella se sacó toda su vestimenta mientras Javier luchaba con el cordón de su zapatilla. Cuando logró sacarse el calzado, se acostaron y se podía notar a Javier muy nervioso. Fue entonces cuando la chica habló y le dijo que la iban a pasar bien, que no se preocupe.

Pasaron diez minutos, el cuerpo del muchacho se encontraba todo transpirado y agotado. Luna se levanto y comenzó a cambiarse. Al reencontrarme con sus amigos, les contó toda la secuencia y lo bien que la había tratado la chica.
Luego de esa vez, no visitó más el lugar pero se había quedado intrigado con conocer a la chica. Sus amigos le repetían que estaba loco.
Un fin de semana, salieron a bailar y los tres se dirigieron a un bar que no conocían, pidieron en la barra un trago y miraban a las chicas que pasaban. Luego de varias bebidas, Javier se fue al baño. Cuando estaba llegando, una muchacha lo empuja. Él enfadado, se da vuelta con la idea de transmitirle alguna puteada pero al ver a la joven, su rostro se transformó como si una manada de animales se dirigiera hacia él. Era Luna. Ella lo miro y le pidió disculpas pero no lo reconoció. Muy ingenioso el muchacho le dijo que iba a tener que bailar con él para perdonarla. Luna sonrió y aceptó.
Luego de ese baile, Javier le pidió su teléfono, y comenzaron a verse mas seguido. Pasaron meses y la relación que llevaban era envidiable, ella le contó su situación y él cómo la había conocido. Fue ese mismo día que el muchacho la miró a los ojos jurando que la sacaría de ahí y viviría para estar solamente con él.


Por Sebastián Martínez

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