La fiesta de los vivos
En aquel momento, su mirada enfocaba el piso. Sus amigos habían entrado al bar a comprar unas bebidas alcohólicas. La noche anterior había sido la fiesta para el recuerdo y sólo sus sonrisas, lo decían todo. La mejor de las noticias, fue cuando se enteraron por un loco que pasaba, que a la noche habría otra reunión. Con esa euforia, se fueron al apartamento en donde se estaban hospedando, para descansar y estar de lujo a las horas de la noche.
En el camino al fabuloso hotel, no faltaron los chistes haciendo referencia a la noche pasada. Marcos, quien siempre miraba el piso, se había enamorado de una mujer de tes negra muy particular. Por parte de sus amigos, no faltaron las cargadas hacia Marcos acerca de la elección de esa mujer y de todo lo que eso implicaba. De miles de mujeres blancas, te vas a intrometer con una negra. Esa fue la frase que sonó varias veces durante el día.
El sol en esas playas ya había caído, y valía la pena pagar para ver ese ocaso. Los amigos de Marcos ya no podían esperar más para ir a esa fiesta. Sólo faltaban horas.
Entre risas y anécdotas, enviaron a Marcos a comprar algunos productos que hacían falta para acudir a ese tipo de ceremonia. En el camino al mercado, se encontró con esa mujer. Se miraron a los ojos, y empezaron hablar. Pasaron los minutos, y los amigos preocupados por su tardanza salieron en su búsqueda, quizás le habría pasado algo. Cuando uno de los amigos lo vio hablando con esa dama, las carcajadas y las risas, empezaron a ser protagonistas de toda la cuadra.
Marcos los vio y de un color cada vez mas bordó en su cara, intentó que la mujer no note la realidad. Fue inútil, ella se dio cuenta, que aquellos hombres cada vez se retorcían más de risa. Algunas personas se detenían a mirar que pasaba, las voces cada vez eran más fuertes. Con lágrimas en los ojos, la mujer se fue del lugar. Los amigos le gritaron cosas, que es mejor ni recordarlas. Se acercaron a Marcos, y con lágrimas en los ojos pero de risa, le golpearon el hombro diciéndole de volver al hotel para ir a la fiesta.
Caminaron hacia el albergue, pensando y planificando como sería la fiesta de esa noche. Cuando llegaron, Marcos no habló una palabra. Comieron algo, se cambiaron y se dirigieron al lugar de encuentro. Era una casa enorme, de afuera aún parecía más grande. Subieron las escaleras y uno de los muchachos, tocó el timbre. Cuando se abrió la puerta, pareció como si hubieran congelado sus caras. Era de no creerse. La organizadora de esa fiesta, era esa mujer de la que tanto se habían burlado. Bajaron la mirada, y no tuvieron otra alternativa que dar la espalda y descender la escalera. Lo hicieron todos menos Marcos, quien por petición de la mujer se quedó en la fiesta.
En silencio se dirigieron hacia el hotel. No hablaron ni una palabra ninguno de ellos. Parecía como si una terrible noticia los hubiera empapado. Pasaron por el bar donde compraban las bebidas y se sentaron en el cordón de esa cuadra. Se miraban a la cara, para ver si alguno soltaba una palabra. Mientras que Marcos, estaba disfrutando junto a su amiga tan particular como sus amigos decían. Se quedaron largas horas de la noche mirando el piso.
En aquel momento, su mirada enfocaba el piso. Sus amigos habían entrado al bar a comprar unas bebidas alcohólicas. La noche anterior había sido la fiesta para el recuerdo y sólo sus sonrisas, lo decían todo. La mejor de las noticias, fue cuando se enteraron por un loco que pasaba, que a la noche habría otra reunión. Con esa euforia, se fueron al apartamento en donde se estaban hospedando, para descansar y estar de lujo a las horas de la noche.
En el camino al fabuloso hotel, no faltaron los chistes haciendo referencia a la noche pasada. Marcos, quien siempre miraba el piso, se había enamorado de una mujer de tes negra muy particular. Por parte de sus amigos, no faltaron las cargadas hacia Marcos acerca de la elección de esa mujer y de todo lo que eso implicaba. De miles de mujeres blancas, te vas a intrometer con una negra. Esa fue la frase que sonó varias veces durante el día.
El sol en esas playas ya había caído, y valía la pena pagar para ver ese ocaso. Los amigos de Marcos ya no podían esperar más para ir a esa fiesta. Sólo faltaban horas.
Entre risas y anécdotas, enviaron a Marcos a comprar algunos productos que hacían falta para acudir a ese tipo de ceremonia. En el camino al mercado, se encontró con esa mujer. Se miraron a los ojos, y empezaron hablar. Pasaron los minutos, y los amigos preocupados por su tardanza salieron en su búsqueda, quizás le habría pasado algo. Cuando uno de los amigos lo vio hablando con esa dama, las carcajadas y las risas, empezaron a ser protagonistas de toda la cuadra.
Marcos los vio y de un color cada vez mas bordó en su cara, intentó que la mujer no note la realidad. Fue inútil, ella se dio cuenta, que aquellos hombres cada vez se retorcían más de risa. Algunas personas se detenían a mirar que pasaba, las voces cada vez eran más fuertes. Con lágrimas en los ojos, la mujer se fue del lugar. Los amigos le gritaron cosas, que es mejor ni recordarlas. Se acercaron a Marcos, y con lágrimas en los ojos pero de risa, le golpearon el hombro diciéndole de volver al hotel para ir a la fiesta.
Caminaron hacia el albergue, pensando y planificando como sería la fiesta de esa noche. Cuando llegaron, Marcos no habló una palabra. Comieron algo, se cambiaron y se dirigieron al lugar de encuentro. Era una casa enorme, de afuera aún parecía más grande. Subieron las escaleras y uno de los muchachos, tocó el timbre. Cuando se abrió la puerta, pareció como si hubieran congelado sus caras. Era de no creerse. La organizadora de esa fiesta, era esa mujer de la que tanto se habían burlado. Bajaron la mirada, y no tuvieron otra alternativa que dar la espalda y descender la escalera. Lo hicieron todos menos Marcos, quien por petición de la mujer se quedó en la fiesta.
En silencio se dirigieron hacia el hotel. No hablaron ni una palabra ninguno de ellos. Parecía como si una terrible noticia los hubiera empapado. Pasaron por el bar donde compraban las bebidas y se sentaron en el cordón de esa cuadra. Se miraban a la cara, para ver si alguno soltaba una palabra. Mientras que Marcos, estaba disfrutando junto a su amiga tan particular como sus amigos decían. Se quedaron largas horas de la noche mirando el piso.
Por Maximiliano Ceberino



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